“Ningún ciclista en Venezuela vive de un sueldo” Destacado

  • Por  MARIANA MORENO S.
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“Ningún ciclista en Venezuela vive de un sueldo”
03 Abr
2018

Los ciclistas de alta competencia no se escapan de la difícil situación venezolana. Con becas insuficientes, cada vez menos equipos élite y pocas opciones de competencias, muchos se retiran o emigran

Una de las palabras más usadas actualmente en Venezuela es “crisis”. No es necesario leerla en periódicos o portales web, ni necesita de índices económicos para entenderla. Se vive a diario, cada quien desde su realidad.

Y las consecuencias son más que palpables. No solo por las limitaciones materiales, también por las anímicas.

Ahora bien, si a usted que seguramente tiene una remuneración fija o una empresa propia se le hace cuesta arriba salir adelante, se ha preguntado ¿cómo lo lleva un deportista de alto rendimiento? ¿cómo mantiene a una familia? ¿cómo logra mantenerse enfocado en su preparación en medio de este marasmo?

En el ciclismo ha sido más que evidente el castigo y se ha sentido en varios niveles. Comenzó con una mengua de patrocinantes que eventualmente se tradujo en una merma de las competencias y tuvo su máxima expresión con la debacle de Lotería del Táchira, el equipo con más tradición en Venezuela.

Conforme empeoró la situación país, ha ido tomando otro cariz. Ciclistas profesionales que amenazan con retirarse y buscar trabajo. Miembros de selecciones nacionales a los que no les alcanza la beca y buscan opciones.

Otros que habían colgado la bicicleta para asumir cargos gerenciales y tiene que volver a la carretera a ganarse el pan para su familia. Numerosas peticiones de servicio público para corredores que sufren accidentes entrenando y no tienen seguro que costee sus gastos.

Hay una diáspora de corredores en competencias en las Antillas caribeñas, en Colombia, en países centroamericanos y hasta asiáticos, en cualquier parte en la que se presente la oportunidad de ganar en divisas y resolver las carencias.

Esto último no tendría por qué parecer un problema sino una alternativa, si no fuera por el hecho de que son esfuerzos aislados y no parte de un proceso de crecimiento del talento.

O por la ineludible realidad de que en el país solo se dan dos competencias grandes de ruta al año: la Vuelta al Táchira y la Vuelta a Venezuela. Del resto, cero oportunidades de conseguir premios para redondear el ingreso.

“Los equipos élite son los que le pagan un salario a sus ciclista y de esos quedan muy pocos en Venezuela”, reconoció Miguel Ubeto, ciclista profesional y fundador del equipo Venezuela País de Futuro.

“El promedio está entre 3 y 5 millones mensuales, pero hay quienes ganan 10 millones, que son muy pocos. En VPF es más una motivación que un salario, porque no tenemos suficiente músculo financiero para pagarle un sueldo acorde a sus necesidades y porque también debemos correr con los gastos de equipamiento y mantenimiento de las bicicletas”.

Y eso por solo hablar de la ruta, que ofrece la oportunidad de pertenecer a un equipo profesional que te pague un sueldo.

Más dramática es la situación para los competidores en pista o para los que se dedican a disciplinas menos “mercadeables” como el MTB y el BMX. Y todo ante la mirada de una federación quebrada que poco o nada puede hacer para cambiar la realidad.

“Los ciclistas de pista y los montañeros hacen magia, milagros”, apuntó Ubeto. “Muchos pisteros se han retirado o emigrado y los que quedan tienen que salir a trabajar después de los entrenamientos. Las becas sirven de poco o nada. Todavía no han pagado los primeros meses del año y en mi caso, que soy medallista panamericano, lo que me dan son 200 mil bolívares y el seguro cubre 3 millones”.

En el apartado femenino es peor. Con un espectro de competencias todavía más reducido, toca echar mano a la creatividad y apelar a la solidaridad.

“Al ciclismo femenino casi no lo toman en cuenta”, reclama Yngrid Porras, reciente ganadora de la primera válida del circuito de bicicletas montañeras de Gatorade.
“Las becas son de muy bajo monto y con eso no se puede sobrevivir. Yo tengo suerte de tener gente que me ayuda y por eso me mantengo compitiendo. Además me dedico al comercio, buscando opciones”, agregó la tachirense.

“Ningún ciclista en Venezuela vive de un sueldo. Como está la situación económica tiene que ganar en dólares y el ciclismo es muy caro, nada de lo que te paguen es suficiente para sostenerte y costear el mantenimiento de la bicicleta”.

Pese a lo dramático de la situación, queda espacio para el optimismo.

Muchos hacen esfuerzos para mantener vivo el ciclismo venezolano. Formando equipos, organizando eventos, motivando a nuevas generaciones para que no salgan despavoridas. Y todavía quedan ciclistas empeñados en mantenerse activos. Su trabajo no pasa desapercibido y pronto tendrá recompensa.

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